Una historia como otras muchas.

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Maeve
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Registrado: 23 Ago 2012 10:04

Una historia como otras muchas.

Mensajepor Maeve » 23 Ago 2012 10:09

Historia larga, bastante. Por ello la voy a resumir un tanto, no quiero aburriros. Yo solía ser una niña feliz, risueña, a la que le gustaba hacer deporte, salir con todos sus amigos y hacer muchas otras cosas; en un principio, todo para olvidar lo que me esperaba en casa. Desde que apenas tenía dos años supe que mi madre tenía una enfermedad, que no era como las demás personas. Esa enfermedad se llama trastorno bipolar obsesivo-compulsivo y fue el desencadenante de lo que ahora es mi problema.

Mis padres se separaron cuando apenas era una cría de nueve años y, la verdad, fue lo mejor que pudieron hacer. Yo me quedé con mi padre, pero aun así tenía que ver a mi madre y eso siempre ha sido traumático para mí. Todo el día eran gritos, encerrarme en la habitación sin poder salir…incluso amenazas con cuchillos. Innumerables las veces que quise llamar a la policía o escapar de allí, pero no fui capaz de reunir valor hasta los catorce años. Discutimos muy fuerte, me fui de casa y hasta hoy. Mala época para decidir ser valiente, yo por ese entonces estaba haciendo dieta.

Resulta que debido a una lesión crónica que tengo en la rodilla tuve que dejar de hacer deporte. Eso sí, seguí comiendo como hasta entonces y por ende comencé con sobrepeso. Mi padre me llevó al endocrino, éste me puso a dieta y en un principio fue como una dieta normal hasta que comencé a sentirme esclava de la báscula. Sé que es irracional, pero durante mucho tiempo yo hube creído que mi madre no me quería por no estar delgada como ella, por no ser la hija que ella quería tener. Siempre luché por ser lo mejor que pudiese ser para así no defraudarla –ni a ella ni a mi padre-, verla feliz. Sin embargo nunca lo estaba, sólo me gritaba, me amenazaba…y cuando llegaba a casa después de un devastador fin de semana con ella, mi padre estaba demasiado ocupado en sus cosas.

Bajé mucho más de la mitad de mi peso en tres meses, dejando de comer paulatinamente y obsesionándome de una manera muy preocupante. Aún hoy –y siempre- cuento calorías como quien se lava la cara por las mañanas. He de decir que soy bastante alta para lo que suele ser la media de las mujeres y mi IMC acabó siendo muy bajo. Se me caía el pelo a raudales, apenas podía caminar y a pesar de que yo me centraba en mis estudios y me evadía del mundo hubo un día en el que volví a la endocrino y me llamó, literalmente, ‘gilipollas anoréxica’. Ahí fue cuando me di cuenta de la realidad, vi a mi padre llorar mientras me gritaba lo imbécil que estaba siendo y me obligó a comer, y yo, tan asustada por todo, comí. Fue lo peor que pude haber hecho ese día, porque a la mañana siguiente no pude apenas levantarme de la cama y estuve un mes sin poder probar bocado debido a la tremenda ansiedad y náuseas que me producía ver la comida. Digamos que no la podía tener a menos de dos metros.

Ingresé en el hospital, abandonándome por completo. No hablaba, no me movía, no reaccionaba; nada. Me limitaba a mirar las nubes a través de la ventana de la habitación mientras buscaba morirme y nada más. Nunca quise que nadie fuese a visitarme al hospital, no quería que me viesen así, sin embargo padre y tíos se negaron a aceptar mi decisión y estuvieron allí conmigo pese que a veces ello me hacía bastante mal. Me negaba a comer absolutamente nada, hasta tal punto que me amenazaron con la sonda y yo lo único que dije fue ‘Me la quitaré, como el suero.’, pero llegó un día en que uno de mis mejores amigos apareció allí de improvisto para traerme un peluche enorme, hablarme tras de él y decirme: Yo no te pido que comas, yo te pido que te quedes conmigo y sonrías. Lo hice, después de medio año sin apenas esbozar una triste sonrisa. Desde aquel día me siguió costando un mundo –el primer día que comí fue un poquito de gelatina y tuvieron que sedarme, incluso lo tenía que hacer con los ojos cerrados y sin poder coger yo misma la cuchara-, pero tras otro mes en el hospital conseguí salir de allí comiendo tres potitos para bebés al día y tirada en la cama. Me perdí un trimestre entero de mi año escolar –y aun así lo recuperé en el siguiente-, resultando ser un año muy duro para mí.

No estoy curada, ni por asomo. Sigo con la misma mentalidad de cuando entré en el hospital y admito que no soy franca con nadie más que con mi psicólogo, pero al menos mi IMC no está tan bajo, he recuperado fuerzas a pesar de la anemia y casi puedo hacer vida normal. Saco mis estudios con toda la ilusión que me queda, sigo intentando sonreír a pesar de la depresión –me diagnosticaron anorexia nerviosa con cuadro de depresión severo-, pero no es oro todo lo que reluce. Tengo problemas de estómago desde muy niña –gastritis y reflujo crónico- por lo que me ayudo de ello para vomitar y decir que me han sentado mal las cosas, con una aversión total por todo lo que se ingiera. Pero qué os voy a decir, vosotras ya sabéis lo que se siente y cómo se ve la comida. Además se me han muerto seis personas muy queridas para mí en estos últimos diez meses.

Aun así estoy orgullosa de no haber dado pasos atrás y haber ido poco a poco mejorando, pese a que me cueste un mundo. Bien que los pasos no han sido muy grandes en estos dos años y medio –casi tres- que llevo con el problema, pero al menos los he conseguido por mí misma y me he demostrado muchas cosas a la par que los demás también me las han demostrado a mí. Hay días mejores y días peores, pero al final el Sol siempre está ahí aunque a veces se esconda tras unas nubes muy negras y feas. Si yo puedo, todas vosotras también podéis y deciros que yo tampoco os pido que comáis –no soy quién ya que yo tampoco lo hago-, pero sí que sonriáis todo lo que os sea posible porque nunca vais a estar solas.

Fuerza
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Re: Una historia como otras muchas.

Mensajepor Fuerza » 23 Ago 2012 11:01

yo tampoco os pido que comáis –no soy quién ya que yo tampoco lo hago-, pero sí que sonriáis todo lo que os sea posible porque nunca vais a estar solas.
Pues yo sí que te pido que comas. Es fundamental para estar saludable, las sonrisas de la gente desnutrida son demasiado tristes.

Y quizá uno no puede pedir que al principio de la lucha sonría mucho. Hacer frente a tus miedos, con lágrimas, sonrisas, gritos, escritos, conversaciones, silencios...pero HACER FRENTE.

P.D: ¿ Comiendo tres potitos te diron el alta del ingreso? Espero que en estos momentos hagas una dieta más saludable, estar en un IMC saludable (que no se si lo estás) es un buen paso, pero para nada suficiente. Quiza te venga bien ir a donde una nutricionista, no lo se.

Mucha, mucha fuerza. Y vive ( con sonrisas, pero no sólo con ellas) :wink:


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